Septiembre tiene algo especial. Volvemos a madrugar, recuperamos los horarios habituales, los niños regresan al colegio, los adultos retomamos el trabajo y, casi sin darnos cuenta, volvemos a llenar la agenda de obligaciones.
Después de unas semanas de vacaciones, este cambio puede hacerse notar. Más cansancio, menos horas de sueño, cambios en los horarios de las comidas o simplemente la sensación de que necesitamos unos días para volver a coger el ritmo. Y aquí aparece una pregunta que escuchamos con frecuencia en la farmacia: ¿necesitamos tomar vitaminas para afrontar mejor la vuelta al cole?
La respuesta corta es que no todo el mundo necesita un suplemento vitamínico. Una alimentación variada y equilibrada suele aportar los nutrientes que necesitamos. Sin embargo, existen situaciones concretas en las que puede ser necesario complementar la dieta, siempre valorando las necesidades individuales y, especialmente en el caso de los niños, siguiendo las recomendaciones de un profesional sanitario.
Además, no todas las vitaminas tienen la misma función. Algunas participan en el metabolismo energético, otras contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario y otras intervienen en procesos como la formación de glóbulos rojos, el mantenimiento de los huesos o el funcionamiento del sistema nervioso.
Por eso, más que buscar "la mejor vitamina para la vuelta al cole", lo interesante es conocer qué nutrientes son importantes, qué podemos conseguir a través de la alimentación y cuándo puede estar justificado utilizar un complemento alimenticio.
Desde FarmaProxi queremos ayudarte a empezar septiembre con las ideas claras.

La vuelta a la rutina no provoca por sí misma una deficiencia de vitaminas. Sin embargo, septiembre supone un cambio de hábitos que puede hacer que algunas personas descuiden temporalmente su alimentación, duerman menos o acumulen más cansancio.
En los niños ocurre algo parecido. Vuelven las clases, las actividades extraescolares, los madrugones y las jornadas más estructuradas. Además, pasan muchas horas compartiendo espacios con otros niños, especialmente durante los meses de otoño e invierno.
Pero hay algo importante que debemos tener claro: las vitaminas no son un escudo contra los resfriados ni sustituyen una alimentación saludable.
Tomar más vitaminas de las necesarias tampoco significa tener más energía o unas defensas "más fuertes". De hecho, algunos nutrientes pueden ser perjudiciales si se consumen en cantidades excesivas.
Por eso, los complementos alimenticios deben utilizarse con criterio y teniendo en cuenta la edad, la alimentación, las necesidades personales y, cuando corresponda, las indicaciones de un profesional sanitario.
Cuando hablamos de "vitaminas para volver a la rutina", las primeras que suelen venir a la cabeza son las vitaminas del grupo B.
Y tiene sentido que aparezcan en esta conversación, ya que varias vitaminas del grupo B participan en el metabolismo energético normal. Es decir, ayudan al organismo a obtener y utilizar energía a partir de los nutrientes que ingerimos.
Entre ellas encontramos la vitamina B1, B2, B3, B5, B6, B12 y el ácido fólico (B9).
La vitamina B6, por ejemplo, contribuye al metabolismo energético normal y al funcionamiento normal del sistema nervioso. La vitamina B12 también participa en el metabolismo energético y contribuye a la reducción del cansancio y la fatiga.
Pero atención: esto no significa que tomar vitamina B12 o un complejo de vitaminas B vaya a solucionar automáticamente el cansancio de septiembre.
Si una persona no presenta una carencia, aumentar la cantidad de una vitamina no necesariamente hará que se sienta con más energía.
Cuando estamos cansados después de las vacaciones, conviene preguntarnos primero si estamos durmiendo suficiente, comiendo correctamente, hidratándonos bien y dando tiempo al organismo para adaptarse de nuevo a la rutina.

Esta es probablemente una de las preguntas más habituales cuando empieza el curso.
Existen diferentes vitaminas y minerales que contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario. Entre ellos destacan la vitamina C, la vitamina D, la vitamina A, la vitamina B6, la vitamina B12, el ácido fólico, el hierro, el zinc y el selenio.
Esto es importante porque nos permite entender que el sistema inmunitario no depende de una única vitamina.
La vitamina C, por ejemplo, contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y también a la protección de las células frente al daño oxidativo.
El zinc también contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, mientras que la vitamina D participa en el funcionamiento normal de las defensas.
Sin embargo, una vez más, hay que evitar una interpretación equivocada: tomar un suplemento no garantiza que no vayamos a enfermarnos.
Los complementos pueden ayudar a cubrir necesidades nutricionales cuando existe una ingesta insuficiente o una situación concreta que lo justifique, pero no sustituyen el descanso, la alimentación, la higiene de manos, la ventilación de los espacios ni el resto de hábitos saludables.
La vitamina C es uno de los nutrientes más conocidos cuando llegan los meses de otoño e invierno.
La encontramos de forma natural en alimentos como cítricos, kiwi, fresas, pimiento, tomate o algunas verduras.
Entre sus funciones se encuentra contribuir al funcionamiento normal del sistema inmunitario y a la protección de las células frente al estrés oxidativo.
También interviene en la formación normal de colágeno, que es importante para diferentes estructuras del organismo, y contribuye a disminuir el cansancio y la fatiga.
¿Significa esto que toda la familia debería tomar vitamina C en septiembre?
No necesariamente.
Si la alimentación aporta suficiente vitamina C, no existe una razón general para suplementarla únicamente porque empiece el curso.
Por eso, antes de pensar en un complemento, merece la pena revisar la alimentación. Un desayuno con fruta, incluir verduras en las comidas y variar los alimentos a lo largo de la semana puede ser mucho más importante que añadir suplementos sin una necesidad concreta.

La vitamina D es diferente a otras vitaminas porque nuestro organismo puede producirla mediante la exposición de la piel a la luz solar.
También podemos obtenerla a través de determinados alimentos, aunque las fuentes dietéticas son más limitadas.
La vitamina D contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario y al mantenimiento de los huesos y los dientes, entre otras funciones.
Durante los meses con menos horas de luz solar, determinadas personas pueden tener un mayor riesgo de presentar niveles insuficientes. Sin embargo, no debemos asumir que necesitamos suplementarla simplemente porque llegue el otoño.
Si existe sospecha de déficit, determinadas situaciones de riesgo o una indicación médica, un profesional sanitario puede valorar si es necesario comprobar los niveles y establecer la suplementación adecuada.
Especialmente en niños, no debemos administrar dosis elevadas de vitamina D por nuestra cuenta.
Aquí debemos hacer una distinción importante.
Los niños no son adultos pequeños.
Sus necesidades nutricionales dependen de la edad y de diferentes factores, y por eso no debemos ofrecerles un complejo vitamínico destinado a adultos ni utilizar suplementos sin comprobar previamente que son adecuados para ellos.
Un niño sano que sigue una alimentación variada normalmente puede obtener las vitaminas y minerales que necesita a través de los alimentos.
Frutas, verduras, legumbres, cereales, huevos, pescado, carne, lácteos y frutos secos, siempre teniendo en cuenta las necesidades y posibles restricciones de cada niño, pueden formar parte de una alimentación equilibrada.
En determinadas situaciones, un pediatra puede recomendar un suplemento específico. Por ejemplo, existen circunstancias concretas en las que determinados nutrientes requieren una atención especial.
Por eso, si estamos pensando en darle un complemento al pequeño, lo mejor es consultar primero con el pediatra o el farmacéutico y comprobar qué producto, qué dosis y durante cuánto tiempo es apropiado.

Los complementos multivitamínicos infantiles pueden contener diferentes vitaminas y minerales en una misma fórmula.
Pueden ser útiles en determinadas situaciones, pero no deberían convertirse en un sustituto de una alimentación variada.
Además, que un producto esté formulado para niños no significa que podamos administrarlo sin tener en cuenta la edad. Hay que leer siempre el etiquetado y respetar las cantidades recomendadas.
Otro error frecuente es combinar varios productos que contienen los mismos nutrientes. Por ejemplo, administrar un multivitamínico y, al mismo tiempo, otro complemento que contiene vitamina D o zinc sin comprobar la composición.
Más cantidad no significa más beneficio.
Antes de combinar suplementos, especialmente en niños, es recomendable consultar con un profesional sanitario.
En los adultos la situación es similar: no existe una vitamina universal que todo el mundo necesite tomar en septiembre.
La prioridad debería ser recuperar los hábitos que hemos podido alterar durante las vacaciones.
Dormir correctamente, mantener una alimentación equilibrada, hacer ejercicio, beber suficiente agua y recuperar horarios regulares son los pilares sobre los que debemos construir nuestra vuelta a la rutina.
En caso de que exista una alimentación poco variada, una necesidad nutricional concreta o una situación que aumente el riesgo de deficiencias, un profesional sanitario puede valorar la conveniencia de utilizar un complemento.
En adultos pueden resultar especialmente relevantes nutrientes como las vitaminas del grupo B, vitamina C, vitamina D, zinc o hierro, pero cada uno responde a necesidades diferentes y no debemos tomar suplementos de forma indiscriminada.

El hierro merece una mención especial porque participa en el transporte normal de oxígeno en el organismo y contribuye a disminuir el cansancio y la fatiga.
Sin embargo, tomar hierro sin necesidad no es una buena idea.
Una deficiencia de hierro puede requerir suplementación, pero esta debe estar indicada y, en muchos casos, evaluada mediante pruebas analíticas.
Por tanto, si una persona lleva tiempo experimentando un cansancio importante, debilidad u otros síntomas, no debería limitarse a comprar un complejo vitamínico.
El cansancio persistente puede tener muchas causas y conviene averiguar cuál es.
Si queremos empezar septiembre cuidándonos, quizá el primer "suplemento" que deberíamos revisar sea nuestra alimentación.
No necesitamos comer perfecto. Necesitamos comer variado.
Intentar incluir diferentes grupos de alimentos a lo largo de la semana, aumentar el consumo de frutas y verduras, incorporar fuentes de proteínas y priorizar alimentos poco procesados puede ayudarnos a cubrir nuestras necesidades nutricionales.
También es importante no olvidar el agua.
Durante las vacaciones es habitual que cambiemos nuestros horarios y que algunos hábitos se relajen. Septiembre es un buen momento para volver a estructurar las comidas y planificar con algo de antelación.
Y esto sirve tanto para los adultos como para los niños.
Este punto merece destacarse porque es uno de los errores más habituales.
Si volvemos al trabajo o al colegio durmiendo cinco horas y pensamos que un multivitamínico compensará ese déficit, estamos buscando una solución en el lugar equivocado.
El sueño es fundamental para nuestro bienestar y para afrontar el día a día.
En los niños, además, dormir suficiente es especialmente importante porque se encuentran en una etapa de crecimiento y desarrollo.
Por eso, si queremos que la vuelta al cole sea más llevadera, conviene empezar unos días antes a recuperar progresivamente los horarios de sueño.
Ningún complemento alimenticio sustituye un buen descanso.
Después del verano también puede ser un buen momento para recuperar la actividad física.
No hace falta empezar con entrenamientos intensos. Caminar, montar en bicicleta, nadar, practicar algún deporte o simplemente aumentar nuestra actividad diaria puede ser un buen comienzo.
En los niños, el juego activo y el deporte también forman parte de un estilo de vida saludable.
La actividad física, combinada con una alimentación equilibrada y un buen descanso, constituye una base mucho más sólida para afrontar septiembre que depender únicamente de un suplemento.
Los complementos pueden tener un papel interesante cuando existe una necesidad concreta.
Puede ser recomendable valorar su utilización cuando un profesional sanitario detecta o sospecha una deficiencia, cuando existen determinadas restricciones dietéticas, durante algunas etapas de la vida o cuando las necesidades nutricionales no pueden cubrirse adecuadamente mediante la alimentación.
En estos casos, la elección del complemento debería hacerse teniendo en cuenta la composición, la dosis y las necesidades reales de la persona.
Desde la farmacia podemos ayudarte a interpretar el etiquetado y a escoger una opción adecuada cuando realmente sea necesaria.
Uno de los principales errores es pensar que si una vitamina es buena, tomar más será todavía mejor.
No funciona así.
Las vitaminas y minerales tienen funciones esenciales, pero superar las cantidades recomendadas no aporta necesariamente beneficios adicionales y, dependiendo del nutriente y de la cantidad, puede provocar efectos adversos.
Otro error frecuente es utilizar suplementos de otras personas, especialmente pasar productos de adultos a niños.
También debemos evitar combinar varios complementos sin revisar sus ingredientes. Es relativamente fácil duplicar la ingesta de un determinado nutriente sin darse cuenta.
Y, por supuesto, nunca debemos utilizar un suplemento para retrasar la consulta médica cuando existe un síntoma persistente.
Si tuviéramos que resumir todos estos consejos en una pequeña rutina, sería algo así:
Primero, alimentación. Intentar que las comidas sean variadas y equilibradas.
Después, descanso. Recuperar progresivamente los horarios de sueño.
También movimiento. Volver a practicar ejercicio y evitar pasar todo el día sentados.
Hidratación. Tener agua disponible y convertirla en la bebida habitual.
Higiene. Especialmente el lavado frecuente de manos y una correcta higiene dental.
Y suplementos, solo cuando tengan sentido. Si existe una necesidad nutricional concreta, consultar con un profesional para elegir el producto adecuado.
Es una estrategia mucho más completa que buscar una única "vitamina milagrosa" para afrontar septiembre.
En la mayoría de los casos, no por el simple hecho de que empiece septiembre.
Una persona sana que mantiene una alimentación equilibrada normalmente puede obtener los nutrientes que necesita a través de los alimentos.
Los complementos alimenticios pueden resultar útiles en determinadas circunstancias, pero deben entenderse como una herramienta para cubrir necesidades concretas y no como un sustituto de los hábitos saludables.
En los niños esta precaución es todavía más importante. Antes de administrar cualquier suplemento infantil conviene consultar con el pediatra o con el farmacéutico, especialmente si el niño toma otros productos o medicamentos.
Y si un adulto o un niño presenta un cansancio intenso o persistente, infecciones frecuentes, pérdida de peso inexplicada u otros síntomas que no encajan con una simple vuelta a la rutina, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario para buscar la causa.
La vuelta al cole y a la rutina puede ser un poco caótica, pero también puede convertirse en una oportunidad para recuperar buenos hábitos.
No necesitamos llenar el armario de suplementos ni buscar una combinación de vitaminas que nos permita "sobrevivir" al curso. Lo realmente importante es construir una rutina que incluya alimentación equilibrada, descanso suficiente, actividad física, hidratación y una buena higiene.
Y cuando exista una necesidad concreta de suplementación, las vitaminas y minerales pueden ser una herramienta útil siempre que se utilicen correctamente.
Desde FarmaProxi queremos acompañarte también en esta vuelta al cole y ayudarte a tomar decisiones relacionadas con tu salud y la de los tuyos con información clara y responsable.
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