Hay una escena que se repite todos los veranos. Después de unos días de vacaciones, de playa o de piscina, notas que tu piel empieza a tensarse. Poco a poco aparecen pequeñas escamas, especialmente en los hombros, la espalda, el pecho o la nariz. Entonces llega la pregunta que todos nos hacemos alguna vez: ¿por qué se me está pelando la piel?
Aunque muchas personas creen que pelarse después del sol es algo normal o incluso una señal de que el bronceado "está funcionando", la realidad es muy distinta. Cuando la piel se pela significa que ha sufrido una agresión importante y está eliminando las células que han resultado dañadas por la radiación ultravioleta.
En otras palabras, pelarse no es una parte inevitable del verano, sino una señal de que la piel necesita más cuidados.
La buena noticia es que, en la mayoría de los casos, podemos evitarlo siguiendo unos hábitos muy sencillos. Una correcta protección solar, una buena hidratación y algunos cuidados específicos antes y después de la exposición al sol ayudan a mantener la piel sana, elástica y con un bronceado mucho más uniforme y duradero.
En esta guía te explicamos por qué la piel se pela, qué puedes hacer para evitarlo y cuáles son los mejores consejos farmacéuticos para cuidar tu piel durante todo el verano.

Nuestra piel actúa como una barrera protectora frente al exterior, pero cuando recibe una cantidad excesiva de radiación ultravioleta sus células empiezan a dañarse.
Como mecanismo de defensa, el organismo elimina esas células dañadas y las sustituye por otras nuevas. Ese proceso de renovación es el que observamos como descamación o "piel pelada".
Cuanto más intensa haya sido la exposición solar y mayor haya sido la quemadura, más evidente suele ser este proceso.
Por eso, pelarse suele ir acompañado de otros síntomas como enrojecimiento, sensación de calor, tirantez o sensibilidad al tacto.
Es uno de los mitos más extendidos del verano.
Muchas personas piensan que, después de pelarse, aparecerá un moreno más intenso. Sin embargo, sucede justo lo contrario.
Cuando la piel elimina las capas dañadas también pierde parte de la pigmentación adquirida durante la exposición solar. Como consecuencia, el bronceado suele durar menos y resulta mucho más irregular.
Una piel bien hidratada y protegida consigue un tono más uniforme y duradero que una piel que ha sufrido quemaduras.

Si hubiera que resumir todo el artículo en un solo consejo, sería este: utiliza correctamente el protector solar.
No basta con aplicarlo una única vez antes de salir de casa. La protección disminuye con el paso de las horas, el sudor, el baño y el roce de la toalla.
Para mantener una protección eficaz es recomendable reaplicar el fotoprotector cada dos horas y siempre después de bañarse o secarse con la toalla.
También es importante utilizar una cantidad suficiente. Aplicar menos producto del necesario reduce considerablemente la protección real que recibe la piel.
Escoger un SPF adecuado a tu fototipo y a la intensidad de la exposición solar también resulta fundamental.
Uno de los errores más frecuentes consiste en permanecer al sol durante las horas centrales del día.
Entre aproximadamente las 12:00 y las 16:00 horas la radiación ultravioleta alcanza su máxima intensidad, por lo que el riesgo de sufrir una quemadura aumenta de forma considerable.
Siempre que sea posible, intenta buscar la sombra durante ese intervalo y reserva las actividades al aire libre para primera hora de la mañana o última de la tarde.
Tu piel lo agradecerá.

Cuando hablamos de hidratar la piel solemos pensar únicamente en aplicar una crema hidratante.
Sin embargo, la hidratación empieza desde dentro.
Durante el verano perdemos más agua debido al calor y a la sudoración. Si no reponemos esos líquidos, la piel también lo nota.
Beber agua de forma frecuente, consumir frutas ricas en agua como la sandía, el melón o el melocotón y mantener una alimentación equilibrada ayudan a que la piel conserve mejor su elasticidad.
Una piel bien hidratada tolera mejor la exposición solar y tiene menos tendencia a descamarse.
El cuidado de la piel no termina cuando abandonamos la playa o la piscina.
Al llegar a casa conviene ducharse con agua templada para eliminar restos de sal, cloro, arena y protector solar.
Es preferible utilizar limpiadores suaves que respeten la barrera cutánea y evitar el agua demasiado caliente, ya que puede aumentar la sequedad de la piel.
Después de la ducha llega uno de los pasos más importantes: aplicar un producto aftersun o una crema hidratante rica en ingredientes calmantes y reparadores.
Ingredientes como el aloe vera, el pantenol, la glicerina, la manteca de karité, las ceramidas o el ácido hialurónico ayudan a restaurar la barrera cutánea y a mantener la hidratación durante muchas horas.

La respuesta es sí, pero con matices.
Una exfoliación suave una vez por semana puede ayudar a eliminar células muertas y favorecer un bronceado más uniforme.
Sin embargo, nunca debe realizarse inmediatamente después de una exposición solar intensa ni sobre una piel enrojecida o irritada.
Si la piel está quemada o presenta descamación, lo prioritario será hidratarla y permitir que se recupere de forma natural.
La exfoliación debe formar parte del cuidado preventivo, no del tratamiento de una quemadura.
Lo que comemos también influye en la salud de la piel.
Una alimentación rica en frutas y verduras aporta vitaminas, minerales y antioxidantes que ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo provocado por la radiación solar.
Los alimentos ricos en vitamina C favorecen la formación de colágeno, mientras que la vitamina E contribuye a proteger las membranas celulares.
Las zanahorias, el tomate, el albaricoque, las espinacas, los frutos rojos, el kiwi o los cítricos son excelentes aliados durante el verano.
No sustituyen al protector solar, pero sí forman parte de un cuidado integral de la piel.

Muchas veces no es solo el sol el responsable de la descamación, sino algunos hábitos que repetimos sin darnos cuenta.
Uno de ellos es pensar que un solo día de exposición intensa compensa toda la semana. Las quemaduras suelen aparecer precisamente después de esas largas jornadas de playa en las que apenas buscamos la sombra.
Otro error muy frecuente consiste en no reaplicar el protector solar porque "todavía no me he quemado". La radiación ultravioleta actúa aunque no notemos molestias inmediatas.
También conviene evitar ducharse con agua muy caliente, utilizar jabones agresivos o frotar la piel con fuerza al secarse, ya que todo ello favorece la pérdida de hidratación.
Y, por supuesto, nunca debemos arrancar la piel que empieza a desprenderse. Aunque resulte tentador, hacerlo puede retrasar la recuperación e incluso favorecer pequeñas lesiones o infecciones.
Si la descamación ya ha comenzado, lo más importante es tener paciencia.
La piel necesita tiempo para completar su proceso de renovación.
Durante esos días conviene hidratarla varias veces al día con productos reparadores, beber abundante agua y evitar completamente nuevas exposiciones solares sobre la zona afectada.
Si la descamación se acompaña de ampollas, dolor intenso, fiebre o signos de infección, será necesario consultar con un profesional sanitario.

En la mayoría de los casos, la piel pelada tras el sol mejora por sí sola con unos cuidados adecuados.
Sin embargo, conviene acudir al médico si aparecen quemaduras muy extensas, ampollas de gran tamaño, fiebre, mareos, escalofríos o dolor intenso que no mejora con el paso de las horas.
También es importante prestar especial atención a las quemaduras solares en niños pequeños, personas mayores o pacientes con enfermedades crónicas.
Desde la farmacia vemos cada verano cómo muchas personas buscan una solución cuando la piel ya está dañada. Sin embargo, la mejor estrategia siempre será la prevención.
Elegir un protector solar adaptado a tu tipo de piel, reaplicarlo correctamente, utilizar productos aftersun de calidad y mantener una buena hidratación son pequeños gestos que marcan una enorme diferencia.
Si tienes dudas sobre qué fotoprotector elegir, qué crema reparadora utilizar o cómo cuidar una quemadura solar, tu farmacéutico puede ayudarte a encontrar la opción más adecuada según las necesidades de tu piel.
Evitar que la piel se pele en verano no depende de un único producto milagroso, sino de la suma de muchos pequeños cuidados diarios.
Proteger la piel del sol, hidratarla antes y después de cada exposición, mantener una alimentación equilibrada y escuchar las necesidades de nuestra piel son hábitos sencillos que permiten disfrutar de un bronceado bonito, uniforme y, sobre todo, saludable.
Recuerda que una piel que no se quema tampoco necesita pelarse para renovarse. Cuidarla hoy significa conservarla sana durante muchos años.
En FarmaProxi queremos ayudarte a disfrutar del verano sin renunciar al cuidado de tu piel. En nuestra farmacia online encontrarás protectores solares para todo tipo de pieles, productos aftersun, hidratantes corporales y tratamientos reparadores que te ayudarán a mantener tu piel protegida, hidratada y preparada para disfrutar del sol de forma responsable.
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