El verano es sinónimo de vacaciones, playa, piscina, terrazas, excursiones y días mucho más largos. Cambiamos nuestras rutinas, pasamos más tiempo al aire libre y, en general, nos relajamos. Y eso está muy bien. Al fin y al cabo, el verano también está para desconectar.
Sin embargo, esa sensación de despreocupación hace que, sin darnos cuenta, abandonemos algunos hábitos que durante el resto del año sí solemos mantener. Dejamos de hidratarnos correctamente, olvidamos reaplicar el protector solar, descuidamos la conservación de algunos medicamentos o incluso pensamos que pequeños problemas de salud "ya se pasarán".
La mayoría de estos errores parecen insignificantes, pero pueden terminar convirtiéndose en una quemadura solar, una deshidratación, una intoxicación alimentaria, una infección o unas vacaciones que no disfrutamos tanto como esperábamos.
La buena noticia es que todos ellos son fáciles de prevenir. Solo hace falta conocerlos y adoptar algunos hábitos sencillos que nos ayudarán a disfrutar del verano con mucha más tranquilidad.
En este artículo recopilamos los errores que más solemos cometer durante esta época del año y te damos los mejores consejos farmacéuticos para evitarlos.

Este es probablemente el error más habitual de todos.
Muchas personas solo utilizan protector solar cuando van a la playa o a la piscina, pero la realidad es que la radiación ultravioleta nos acompaña durante todo el día. Pasear por una ciudad, hacer deporte, conducir, comer en una terraza o salir a hacer unas compras también supone exponernos al sol.
Además, las nubes no bloquean completamente la radiación ultravioleta, por lo que incluso en días nublados nuestra piel sigue necesitando protección.
El protector solar debería formar parte de la rutina diaria durante todo el verano, especialmente en rostro, cuello, escote y manos, que son las zonas más expuestas.
Muchas personas creen que aplicarse el protector antes de salir de casa es suficiente para todo el día.
Nada más lejos de la realidad.
El sudor, el agua, el roce de la toalla o simplemente el paso de las horas hacen que la eficacia del fotoprotector disminuya.
Lo recomendable es reaplicarlo aproximadamente cada dos horas y siempre después de bañarse, incluso cuando el producto indique que es resistente al agua.
La diferencia entre una piel protegida y una quemadura solar muchas veces está en esa segunda o tercera aplicación que solemos olvidar.

En verano nuestro cuerpo pierde mucha más agua debido al calor y al aumento de la sudoración.
El problema es que la sensación de sed aparece cuando ya existe un cierto grado de deshidratación.
Por eso, conviene beber agua de forma frecuente aunque no tengamos sed, especialmente si estamos haciendo ejercicio, caminando o pasando varias horas al aire libre.
Los niños y las personas mayores son especialmente vulnerables a la deshidratación, por lo que debemos prestar todavía más atención.
Este es uno de los errores menos conocidos.
No todos los medicamentos soportan bien las altas temperaturas.
Durante el verano es frecuente dejar el botiquín dentro del coche, en la mochila bajo el sol o incluso en la playa mientras pasamos horas al aire libre.
El calor excesivo puede alterar la estabilidad de algunos medicamentos y hacer que pierdan eficacia.
Siempre es recomendable consultar las condiciones de conservación indicadas en el envase y mantener los medicamentos alejados del sol y de temperaturas elevadas.

Todos hemos escuchado alguna vez frases como:
"Ya se me pondrá moreno."
"Ocurre todos los veranos."
"Solo me he quemado un poco."
Sin embargo, una quemadura solar nunca debería considerarse normal.
La quemadura es una lesión de la piel producida por un exceso de radiación ultravioleta y aumenta el riesgo de envejecimiento cutáneo prematuro y de desarrollar problemas más importantes con el paso del tiempo.
La mejor estrategia siempre será prevenirla.
Cuando hablamos de protección solar solemos pensar únicamente en la piel.
Pero nuestros ojos también sufren los efectos del sol.
Las gafas de sol homologadas ayudan a proteger frente a la radiación ultravioleta y reducen el riesgo de molestias o lesiones derivadas de una exposición prolongada.
No todas las gafas oscuras protegen igual. Lo importante es que dispongan de un filtro UV adecuado.

El verano también es la temporada favorita de los mosquitos.
Muchas veces pensamos que una picadura solo provoca picor, pero rascarse de forma constante puede favorecer pequeñas lesiones e incluso infecciones.
Llevar un buen repelente y un producto calmante en el neceser puede evitar muchas molestias.
Si viajamos con niños, conviene elegir repelentes adaptados específicamente a su edad.
Durante las vacaciones es habitual modificar nuestros horarios y comer fuera de casa con mucha más frecuencia.
Aunque disfrutar también forma parte del verano, conviene mantener ciertas precauciones.
El calor favorece el crecimiento de microorganismos en algunos alimentos si no se conservan correctamente.
Por ello, es recomendable:
Pequeños gestos que ayudan a prevenir molestias digestivas e intoxicaciones alimentarias.

La arena caliente, las piscinas públicas, los vestuarios o las duchas comunitarias pueden favorecer la aparición de pequeñas lesiones o infecciones cutáneas.
Utilizar chanclas en zonas húmedas y revisar los pies después de largas caminatas son hábitos sencillos que pueden evitar muchos problemas.
Además, si aparecen ampollas o rozaduras, conviene tratarlas cuanto antes para evitar que empeoren.
Muchas personas preparan la maleta con todo detalle, pero olvidan algo tan importante como un pequeño botiquín.
No hace falta llevar una farmacia entera, pero sí algunos productos básicos que pueden resultar muy útiles:
Ocupa muy poco espacio y puede sacarnos de más de un apuro.

Más allá de cualquier producto, el mejor consejo es muy sencillo: prevenir.
La mayoría de los problemas de salud que aparecen durante el verano pueden evitarse con hábitos básicos como hidratarse correctamente, protegerse del sol, conservar bien los medicamentos, mantener una alimentación segura y escuchar las señales que nos envía nuestro cuerpo.
No hace falta renunciar a disfrutar de las vacaciones. Todo lo contrario. Se trata de hacerlo con responsabilidad para que esos días de descanso sean exactamente eso: descanso.
El verano está para disfrutarlo, compartir tiempo con la familia y desconectar de la rutina. Pero también es una época en la que debemos prestar un poco más de atención a nuestra salud.
Pequeños gestos como aplicar correctamente el protector solar, beber suficiente agua, llevar un botiquín bien preparado o protegernos de los insectos pueden marcar una gran diferencia.
En FarmaProxi creemos que la prevención sigue siendo la mejor herramienta para cuidar de nuestra salud. Por eso, durante todo el verano queremos acompañarte con los mejores consejos y los productos que necesitas para que solo tengas que preocuparte de una cosa: disfrutar de cada momento.

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