La vuelta al cole está a la vuelta de la esquina y, con ella, llega ese momento del año en el que toca volver a organizar horarios, preparar mochilas, comprar material escolar y recuperar poco a poco las rutinas que dejamos aparcadas durante el verano.
Pero hay algo que muchas veces se nos olvida entre libros, uniformes y etiquetas con el nombre: preparar también todo lo necesario para cuidar de la salud y el bienestar de nuestros pequeños durante el curso.
Porque sabemos cómo funciona esto. Un día aparece un pequeño arañazo después del patio, otro llegan los labios secos, al siguiente hay que buscar un protector solar para una excursión y, cuando menos te lo esperas, empiezan los primeros mocos del otoño. Tener algunos productos básicos preparados puede ahorrarnos más de una carrera de última hora a la farmacia.
Además, septiembre supone un cambio importante para los niños. Pasan de tener horarios más flexibles durante las vacaciones a madrugar, pasar muchas horas fuera de casa, compartir espacios con otros niños y recuperar una rutina de alimentación, descanso e higiene más estructurada.
Por eso, desde FarmaProxi hemos preparado esta guía con los imprescindibles para afrontar la vuelta al cole con tranquilidad y tener en casa todo aquello que puede resultar útil durante los primeros meses del curso.

La higiene diaria es uno de los pilares para cuidar la salud de los niños. Con la vuelta al colegio recuperan sus horarios habituales y pasan muchas horas compartiendo espacios, juegos y materiales con otros pequeños, por lo que conviene reforzar algunos hábitos básicos.
En casa es recomendable tener productos de higiene adaptados a su edad y a las características de su piel: un gel corporal suave, champú infantil, crema hidratante y productos específicos para las zonas que puedan necesitar cuidados adicionales.
No hace falta llenar el cuarto de baño de productos. De hecho, menos puede ser más, especialmente cuando hablamos de piel infantil.
Los productos demasiado agresivos, los perfumes intensos o una higiene excesiva pueden favorecer la sequedad y alterar la barrera cutánea. Si el niño tiene la piel seca o sensible, merece la pena escoger fórmulas específicamente diseñadas para este tipo de piel.
Y, por supuesto, hay un producto que nunca debería faltar: el jabón de manos.
Lavarse correctamente las manos antes de comer, después de ir al baño y al llegar a casa es uno de los hábitos más sencillos que podemos enseñarles desde pequeños.
La vuelta al colegio también es un buen momento para revisar cómo están llevando los pequeños su higiene bucodental.
Cepillo de dientes, pasta dental adecuada para su edad y, cuando corresponda, otros productos recomendados por el odontólogo deberían formar parte de su rutina diaria.
No se trata únicamente de comprar un cepillo nuevo porque empieza el curso. Septiembre puede ser la excusa perfecta para comprobar que el cepillo está en buen estado y recordarles la importancia de cepillarse correctamente.
La rutina ideal debe incluir el cepillado dental al menos dos veces al día, especialmente por la mañana y antes de acostarse, siguiendo las recomendaciones de los profesionales según la edad del niño.
También es importante que los padres supervisen el cepillado de los más pequeños cuando todavía no tienen suficiente habilidad para hacerlo correctamente por sí mismos.
Crear el hábito desde pequeños es mucho más fácil que intentar corregirlo cuando ya son mayores.

No necesitamos montar un hospital en casa, pero sí es práctico contar con un pequeño botiquín familiar para solucionar los incidentes cotidianos.
Un botiquín básico puede incluir material para limpiar y proteger pequeñas heridas, como gasas estériles, apósitos, tiritas y algún producto adecuado para la limpieza de heridas.
También puede resultar útil disponer de un termómetro y de los medicamentos habituales que el pediatra haya indicado previamente para el niño.
Aquí hay una cuestión importante: los medicamentos infantiles deben utilizarse siempre siguiendo las indicaciones del profesional sanitario y teniendo en cuenta la edad y el peso del niño.
No debemos administrar medicamentos "porque siempre le damos el mismo" sin comprobar previamente que siguen siendo apropiados. Las dosis pediátricas no deben calcularse a ojo.
Además, conviene revisar periódicamente el botiquín y retirar aquellos medicamentos caducados o que ya no necesitemos.
Y recuerda: los medicamentos deben mantenerse siempre fuera del alcance y de la vista de los niños.
Parece un pequeño detalle, pero cuando llega el primer episodio de fiebre agradeceremos tener un termómetro a mano.
Existen diferentes tipos de termómetros y tecnologías de medición. Lo importante es utilizar uno correctamente y seguir las instrucciones del fabricante.
La temperatura por sí sola no cuenta toda la historia. En los niños también debemos observar su estado general, comportamiento, hidratación y otros síntomas que puedan acompañar a la fiebre.
Si el pequeño presenta fiebre y además está muy decaído, tiene dificultad para respirar, presenta una alteración importante del estado de conciencia, signos de deshidratación, convulsiones u otros síntomas preocupantes, hay que buscar atención médica.

Que termine el verano no significa que podamos guardar el protector solar hasta el año siguiente.
Durante septiembre todavía podemos tener días de mucho sol y los niños continúan realizando actividades al aire libre: patio, excursiones, actividades deportivas, salidas escolares...
Por eso, la fotoprotección debe seguir formando parte de sus cuidados.
Para los niños conviene escoger un protector solar adecuado para su edad y aplicarlo correctamente antes de la exposición. También debemos prestar atención a zonas que suelen olvidarse, como orejas, cuello, hombros, nuca y manos.
Además del protector solar, las medidas físicas siguen siendo importantes: buscar la sombra cuando sea posible, utilizar gorra o sombrero y evitar una exposición excesiva durante las horas de mayor intensidad solar.
La protección frente al sol no debería ser una costumbre exclusivamente veraniega.
Durante las primeras semanas de septiembre todavía pueden encontrarse mosquitos y otros insectos, especialmente en determinadas zonas.
Si los niños tienen programadas excursiones, campamentos o actividades en espacios naturales, puede resultar conveniente contar con un repelente adecuado.
Pero aquí hay una regla fundamental: no todos los repelentes son apropiados para todas las edades.
Antes de utilizarlo, hay que comprobar la edad mínima indicada en el envase y seguir las instrucciones de aplicación. En los niños pequeños, además, es especialmente importante evitar aplicarlo directamente sobre las manos, ojos, boca o zonas irritadas.
Si el producto debe aplicarse en un menor, es recomendable que lo haga un adulto.

Con la llegada del otoño también comienzan a aparecer los primeros resfriados y congestiones nasales.
El suero fisiológico puede ser un producto muy práctico para la higiene nasal, especialmente cuando existe congestión o exceso de mucosidad.
Su utilización ayuda a mantener las fosas nasales limpias y puede facilitar la eliminación de las secreciones.
Es un producto sencillo, pero precisamente por eso suele convertirse en uno de esos imprescindibles que agradecemos tener en casa cuando llega el primer catarro del curso.
Eso sí, conviene diferenciar entre una simple congestión y situaciones que requieren valoración médica.
Si el niño presenta dificultad respiratoria, fiebre persistente, empeoramiento importante o síntomas que preocupan a los padres, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario.
La piel de los niños puede verse afectada por los cambios de temperatura, el viento, los baños frecuentes, el cloro de las piscinas o determinados productos de higiene.
Por eso, especialmente si tienen tendencia a la sequedad, una buena crema hidratante puede ser una gran aliada.
Lo ideal es escoger una fórmula adaptada a su tipo de piel y aplicarla después del baño, cuando la piel está limpia.
Si observamos zonas muy secas, rojas, con picor, descamación intensa o lesiones que no mejoran, no debemos limitarnos a aplicar hidratante indefinidamente. En estos casos es recomendable consultar con el pediatra o dermatólogo para determinar la causa.
El cambio de estación también puede hacer que los labios se resequen.
Un bálsamo labial adecuado puede ayudar a mantenerlos protegidos, especialmente en niños que tienen tendencia a morderse o lamerse los labios continuamente.
Durante el día, si van a estar al aire libre, también podemos valorar productos labiales que incorporen fotoprotección.
Es importante enseñarles además a no compartir bálsamos labiales ni otros productos que estén en contacto directo con la boca.
Puede resultar práctico llevar una pequeña solución hidroalcohólica cuando no tenemos acceso a agua y jabón.
Sin embargo, no debemos convertirlo en un sustituto permanente del lavado de manos.
Cuando sea posible, agua y jabón siguen siendo la opción preferente.
Además, con los niños pequeños debemos prestar especial atención a su uso. Los geles hidroalcohólicos contienen alcohol y no deben ingerirse ni entrar en contacto con ojos o mucosas.
Lo ideal es enseñarles primero una correcta higiene de manos y utilizar la solución hidroalcohólica como recurso cuando no haya otra opción disponible.
Septiembre puede seguir siendo un mes caluroso, especialmente durante las primeras semanas.
Por eso, dependiendo del lugar y de las actividades escolares, es importante que los niños continúen protegiéndose frente al calor.
Una botella de agua reutilizable en la mochila puede ayudar a recordarles que deben hidratarse durante el día.
También puede ser recomendable utilizar gorra o sombrero cuando realicen actividades al aire libre y evitar una exposición prolongada al sol en las horas de mayor calor.
Los niños pueden no identificar correctamente las primeras señales de deshidratación o sobrecalentamiento, por lo que los adultos debemos estar atentos.

No es necesario convertir la mochila en un botiquín ambulante.
De hecho, los medicamentos no deberían llevarse al colegio sin necesidad ni sin seguir las normas establecidas por el centro y las indicaciones sanitarias correspondientes.
Dependiendo de la edad y del colegio, sí puede ser útil que los niños lleven algunos básicos personales, como pañuelos, una botella de agua, protector solar cuando sea necesario o productos de higiene que utilicen habitualmente.
Si el pequeño necesita medicación durante el horario escolar, lo recomendable es coordinarlo previamente con el centro y seguir sus protocolos.
Aunque no podamos meterlo dentro de la mochila, hay un "imprescindible" mucho más importante que cualquier producto: dormir bien.
Durante las vacaciones los horarios suelen cambiar. Los niños pueden acostarse más tarde, levantarse más tarde y tener una rutina mucho más flexible.
Cuando llega septiembre, recuperar de golpe el horario habitual puede costarles.
Por eso es mejor empezar a ajustar progresivamente los horarios unos días antes del comienzo del colegio. Adelantar poco a poco la hora de acostarse y mantener horarios regulares puede facilitar mucho la adaptación.
Dormir suficiente es importante para su bienestar, capacidad de concentración, estado de ánimo y rendimiento durante el día.

Otro de los grandes imprescindibles para la vuelta al cole no se compra en una farmacia: una alimentación equilibrada.
Después del verano conviene recuperar horarios regulares de comidas y apostar por una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres, cereales, huevos, pescado, carne u otras fuentes de proteínas, además de agua como bebida habitual.
El desayuno también merece atención. No tiene que ser enorme, pero sí formar parte de una alimentación equilibrada.
Y algo importante: no debemos recurrir automáticamente a vitaminas o suplementos para "subir las defensas" si el niño está sano y lleva una alimentación adecuada.
Los complementos alimenticios no sustituyen una dieta equilibrada y, en el caso de los niños, su utilización debería valorarse individualmente con un profesional sanitario.
La vuelta al colegio coincide muchas veces con la aparición de los primeros catarros de la temporada.
Los niños pasan muchas horas juntos en espacios cerrados, lo que facilita la transmisión de algunos virus respiratorios.
No podemos evitar todos los contagios, pero sí podemos enseñar hábitos que ayudan a reducir el riesgo.
Lavarse las manos, cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar, ventilar los espacios y evitar acudir al colegio cuando están enfermos y no se encuentran en condiciones son medidas sencillas que pueden marcar la diferencia.
También es importante recordar que los antibióticos no sirven para tratar un resfriado común, ya que la mayoría de los catarros están causados por virus.

La salud no es únicamente física.
Algunos niños esperan con ganas volver al colegio, reencontrarse con sus amigos y empezar un nuevo curso. Otros pueden sentir nervios, inseguridad o incluso cierta ansiedad ante los cambios.
Hablar con ellos sobre el regreso, escuchar sus preocupaciones y explicarles cómo será la nueva rutina puede ayudar.
No debemos minimizar sus emociones con frases como "no tienes motivos para estar nervioso". Para un niño, empezar un nuevo curso puede ser un cambio importante.
Preguntarles cómo se sienten y darles espacio para hablar puede ser mucho más útil.
Si quieres hacer una pequeña revisión antes de empezar el curso, estos son algunos de los básicos que merece la pena comprobar:
Higiene y cuidado personal: gel suave, champú, crema hidratante, productos para la higiene de manos y cuidado bucal.
Botiquín familiar: termómetro, tiritas, gasas, apósitos y los medicamentos que hayan sido indicados para el niño.
Cuidado de la piel: hidratante y protector solar adecuado para su edad.
Primeros resfriados: suero fisiológico y pañuelos.
Actividades al aire libre: protector solar, gorra, agua y, cuando sea necesario, repelente adecuado para su edad.
Rutinas saludables: horarios de sueño, alimentación equilibrada, hidratación y actividad física.
No hace falta comprarlo todo de golpe. La idea es revisar lo que ya tenemos, comprobar qué está en buen estado y reponer únicamente aquello que realmente necesitamos.
Uno de los mejores hábitos que podemos transmitir a los padres es saber cuándo un pequeño problema puede solucionarse en casa y cuándo necesita valoración profesional.
Una herida superficial, un pequeño roce o una congestión leve pueden formar parte del día a día. Sin embargo, determinados síntomas requieren atención.
Debemos consultar con un profesional sanitario si el niño presenta dificultad para respirar, un estado general muy deteriorado, somnolencia o dificultad para despertarse, signos importantes de deshidratación, fiebre que preocupa por su intensidad o duración, una reacción alérgica importante, una lesión que empeora o cualquier síntoma que resulte inusual o preocupante.
En bebés y niños pequeños, además, el umbral para consultar debe ser especialmente bajo.
Ante la duda, es preferible preguntar al pediatra o al farmacéutico antes que improvisar un tratamiento.

La vuelta al cole no consiste únicamente en comprar libros, marcar la ropa y preparar el estuche. También es una oportunidad para recuperar hábitos saludables y comprobar que tenemos en casa los productos básicos que pueden ayudarnos a afrontar el nuevo curso.
Una buena higiene, una alimentación equilibrada, suficiente descanso, hidratación, protección solar y un botiquín bien preparado son pequeñas cosas que, juntas, ayudan a cuidar de nuestros hijos durante todo el año.
Y, sobre todo, recuerda que no necesitamos llenar la casa de productos para estar preparados. Lo importante es escoger aquellos que realmente necesitamos, que sean adecuados para la edad del niño y utilizarlos correctamente.
Desde FarmaProxi os deseamos una vuelta al cole tranquila, saludable y llena de nuevos aprendizajes. 🎒💙
¡Feliz vuelta al cole a todos los pequeños y a sus familias!
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