Septiembre tiene algo de comienzo de año. Después de las vacaciones, vuelven los horarios, el colegio, el trabajo, las actividades extraescolares, el gimnasio y, en general, todas esas rutinas que durante el verano dejamos un poco aparcadas. Y con la vuelta a la normalidad también regresan algunos pequeños problemas de salud que pueden aparecer en cualquier momento: un dolor de cabeza, una herida, una picadura, un resfriado, una rozadura o una molestia muscular.
Es precisamente por eso que septiembre es un buen momento para hacer algo que muchas veces vamos dejando para más adelante: revisar el botiquín de casa.
No se trata de convertir un armario en una pequeña farmacia ni de acumular medicamentos “por si acaso”. De hecho, tener demasiados productos puede dificultar encontrar lo que necesitamos y favorecer que conservemos medicamentos caducados o que ya no utilizamos. Un buen botiquín debe ser sencillo, práctico y estar adaptado a las necesidades de las personas que viven en casa.
Además, después del verano conviene comprobar el estado de los medicamentos y productos sanitarios que hemos utilizado durante las vacaciones, revisar sus fechas de caducidad y asegurarnos de que todo se ha conservado correctamente.
En este artículo de FarmaProxi te contamos qué debería incluir un botiquín doméstico en septiembre, qué productos conviene revisar y, sobre todo, qué cosas es mejor no guardar.

Hay una razón muy sencilla: durante el verano solemos utilizar productos que permanecen meses guardados el resto del año. Protector solar, repelentes, productos para picaduras, material para pequeñas heridas, medicamentos para el dolor o productos para tratar determinadas molestias pueden haber estado expuestos a temperaturas elevadas o haber quedado olvidados en una bolsa de viaje.
La vuelta a casa es una buena oportunidad para revisar todo el contenido del botiquín y empezar el nuevo curso con él organizado.
También cambia el tipo de imprevistos que podemos encontrarnos. En septiembre aumenta el contacto entre niños y adultos en colegios, universidades, oficinas y espacios cerrados, y poco a poco nos acercamos a los meses en los que son más frecuentes los resfriados y otras infecciones respiratorias.
Por eso, más que llenar el botiquín de productos, lo importante es anticiparnos a las situaciones más habituales y tener preparado material básico para actuar correctamente.
No existe un único botiquín perfecto para todas las familias. Una casa con niños pequeños tendrá unas necesidades diferentes a la de una persona que vive sola, y tampoco será igual el botiquín de una familia con personas mayores.
Aun así, hay una serie de productos que pueden resultar especialmente útiles.
Este es probablemente uno de los imprescindibles.
Cortes, rozaduras, pequeñas quemaduras o heridas superficiales pueden aparecer en cualquier momento, especialmente cuando vuelven los niños al colegio y se recuperan las actividades deportivas.
En el botiquín podemos tener tiritas de diferentes tamaños, gasas estériles, esparadrapo, vendas y guantes desechables. También es recomendable disponer de un producto adecuado para la limpieza de heridas.
Lo importante es no complicar innecesariamente una herida pequeña. En general, ante una lesión superficial, la primera actuación consiste en lavarse las manos, limpiar la zona correctamente y protegerla si es necesario.
Si la herida es profunda, no deja de sangrar, presenta signos importantes de infección o ha sido provocada por un objeto que pueda haber quedado dentro, no debemos intentar solucionarla únicamente con el botiquín de casa: será necesario consultar con un profesional sanitario.
Puede parecer algo muy básico, pero un termómetro es uno de esos productos que conviene tener siempre disponible.
Cuando aparece malestar, sensación de fiebre o escalofríos, conocer la temperatura corporal puede ayudarnos a valorar mejor la situación, especialmente en niños.
Antes de septiembre conviene comprobar que funciona correctamente y, si utiliza pilas, revisar que tengan carga suficiente. También es importante saber utilizarlo siguiendo las indicaciones del fabricante.
El termómetro no diagnostica por sí solo la causa de la fiebre, pero proporciona un dato objetivo que puede ser útil para decidir qué hacer a continuación.
En muchos hogares se dispone de algún medicamento de uso habitual para aliviar determinados síntomas, como el dolor o la fiebre.
Entre los más conocidos encontramos medicamentos como paracetamol o ibuprofeno, pero esto no significa que debamos utilizarlos indistintamente ni que sean adecuados para todo el mundo.
Su utilización debe hacerse siempre respetando las indicaciones del prospecto y teniendo en cuenta factores como la edad, el peso, otros medicamentos que se estén tomando y determinadas enfermedades o situaciones especiales.
En el caso de los niños, además, es especialmente importante utilizar presentaciones y dosis adecuadas a su edad y peso. Nunca debemos administrar a un niño un medicamento simplemente porque sea el mismo que utilizamos los adultos en casa.
Y una recomendación importante: antes de septiembre conviene comprobar la fecha de caducidad de estos medicamentos y revisar que los envases estén en buen estado.
Las pequeñas heridas necesitan una correcta higiene para reducir el riesgo de complicaciones.
Por eso puede ser útil contar con un antiséptico apropiado para la piel, además del material necesario para realizar la limpieza y cubrir la zona.
No todos los productos sirven para todas las situaciones y tampoco es necesario utilizar productos cada vez más agresivos pensando que “cuanto más desinfecte, mejor”. Lo importante es realizar una correcta limpieza y utilizar productos adecuados para el tipo de lesión.
Si tenemos dudas sobre qué producto utilizar, en la farmacia podemos recibir asesoramiento sobre la opción más apropiada.
El suero fisiológico es uno de esos productos sencillos que tienen múltiples utilidades.
Puede utilizarse para la higiene de los ojos, la limpieza de pequeñas heridas o para realizar lavados nasales, dependiendo del formato y de las indicaciones del producto.
Con la llegada del otoño y los primeros resfriados, los lavados nasales pueden resultar especialmente útiles para ayudar a limpiar las secreciones y mejorar la sensación de congestión, especialmente en los más pequeños.
Es recomendable tener algunos envases individuales en casa, ya que resultan prácticos y permiten utilizar el producto de manera higiénica.
Aunque parezca una obviedad, estos productos son los grandes olvidados de muchos botiquines.
Podemos tener medicamentos en casa, pero cuando alguien se hace una pequeña herida descubrimos que no tenemos ni una gasa.
Un pequeño surtido de gasas estériles, vendas, esparadrapo y tiritas ocupa muy poco espacio y puede resultar muy útil ante pequeñas lesiones.
También podemos incluir unas tijeras de punta roma y unas pinzas, siempre que se mantengan limpias y se utilicen correctamente.
Aunque septiembre marque el final del verano, los mosquitos y otros insectos todavía pueden seguir presentes durante las primeras semanas del otoño.
Por eso, si durante estas fechas seguimos pasando tiempo al aire libre, puede ser útil tener algún producto para aliviar las molestias producidas por picaduras.
En caso de una reacción intensa, hinchazón importante, dificultad para respirar o síntomas generalizados después de una picadura, no debemos limitarnos a utilizar un producto del botiquín. Estas situaciones requieren valoración médica urgente.
Con la vuelta al gimnasio, al running, al fútbol, al pádel o a cualquier otra actividad física, también pueden regresar las ampollas, rozaduras y pequeñas molestias musculares.
Un botiquín práctico puede incluir productos destinados a proteger las zonas de roce y tratar pequeñas ampollas, además del material básico para pequeñas lesiones.
Eso sí, ante un dolor muscular intenso, una lesión importante, una inflamación considerable o una limitación de movimiento, no debemos asumir que se trata simplemente de una molestia pasajera.

Septiembre suele ser una época de transición. Pasamos de días todavía calurosos a temperaturas más variables y empezamos a pasar más tiempo en espacios cerrados.
Es habitual que durante las próximas semanas comiencen a aparecer síntomas como congestión nasal, estornudos, dolor de garganta o tos.
Esto no significa que tengamos que llenar el botiquín de medicamentos para el resfriado. De hecho, la mayoría de los resfriados comunes evolucionan favorablemente con el tiempo y tratamiento de los síntomas cuando es necesario.
Puede ser interesante disponer de productos básicos para aliviar la congestión, mantener una correcta hidratación y cuidar la garganta, siempre escogiendo las opciones adecuadas para cada persona.
Especialmente en niños, debemos evitar administrar medicamentos para el resfriado sin consultar previamente con un profesional sanitario cuando existan dudas sobre su edad, composición o conveniencia.
Preparar el botiquín de septiembre no consiste solamente en comprar cosas nuevas. Antes de hacerlo, conviene sacar todo lo que tenemos guardado y hacer una pequeña limpieza.
Revisa las fechas de caducidad, comprueba que los envases estén correctamente identificados y asegúrate de que los prospectos estén disponibles cuando sea necesario.
También es importante prestar atención a las condiciones de conservación. Algunos medicamentos requieren unas condiciones específicas de temperatura o protección frente a la luz y la humedad.
Y aquí encontramos un error bastante habitual: guardar el botiquín en el cuarto de baño.
Aunque sea un lugar muy común para almacenar medicamentos, el calor y la humedad del baño no son las mejores condiciones para conservarlos. Es preferible elegir un lugar fresco, seco y protegido de la luz, siempre fuera del alcance y de la vista de los niños.

Un buen botiquín también se construye eliminando lo que no necesitamos.
No deberíamos conservar medicamentos caducados, tratamientos que hayan sobrado y que ya no vayamos a utilizar, ni medicamentos de otra persona pensando que algún día podrían servirnos.
Tampoco es recomendable guardar medicamentos sin su envase original o sin el prospecto. Conservar la caja permite identificar correctamente el medicamento, su composición, dosis y fecha de caducidad.
Y algo especialmente importante: no debemos acumular antibióticos en casa. Los antibióticos deben utilizarse únicamente cuando han sido prescritos para una infección bacteriana concreta y siguiendo la pauta indicada por el profesional sanitario.
Si tenemos medicamentos que ya no necesitamos o que están caducados, no debemos tirarlos al inodoro ni al cubo de la basura. Podemos llevarlos al Punto SIGRE de la farmacia, donde se gestionarán correctamente.
Si hay niños en casa, septiembre es todavía mejor momento para revisar el botiquín.
Con la vuelta al colegio aparecen nuevas rutinas, actividades deportivas y pequeños accidentes que forman parte del día a día. Además, los niños pueden necesitar productos específicos y presentaciones adaptadas a su edad.
Conviene comprobar que los medicamentos que tenemos en casa son adecuados para ellos y, sobre todo, evitar guardar medicamentos infantiles que ya no corresponden a su edad o peso actual.
También debemos mantener todos los medicamentos fuera de su alcance. Lo ideal es que el botiquín esté en un lugar seguro y que los niños no puedan acceder a él.
Nunca debemos llamar a los medicamentos “chuches” ni utilizarlos como premio. Aunque tengan un formato o sabor agradable, siguen siendo medicamentos y deben tratarse como tales.
Dependiendo de las necesidades de cada familia, podemos completar el botiquín con algunos productos adicionales.
Por ejemplo, unas compresas frías instantáneas pueden resultar útiles ante determinados golpes leves, mientras que unas pinzas pueden ayudarnos a retirar pequeñas astillas cuando sea apropiado.
También puede ser interesante disponer de una solución de higiene de manos para determinadas situaciones, aunque nunca debe sustituir al lavado de manos con agua y jabón cuando este sea posible.
Si en casa hay personas con necesidades concretas, el botiquín también puede adaptarse a ellas. Pero aquí es importante diferenciar entre tener productos necesarios para una situación conocida y acumular medicamentos “por si acaso”.
El botiquín ideal no es el que tiene más cosas, sino el que tiene las cosas adecuadas.

La ubicación es tan importante como su contenido.
Debe estar en un lugar fresco, seco, protegido de la luz y fuera del alcance de los niños. No conviene colocarlo junto a fuentes de calor ni en lugares húmedos.
Además, debería ser fácilmente accesible para los adultos cuando sea necesario, pero no debe quedar al alcance de los más pequeños.
Una buena idea es revisar el botiquín un par de veces al año. Septiembre puede ser una de esas fechas: nos permite comprobar que todo está en orden antes de comenzar una nueva etapa.
Tener un botiquín bien preparado nos permite resolver pequeños imprevistos, pero debemos tener claro dónde están sus límites.
Un dolor intenso o persistente, una fiebre que preocupa, una herida profunda, una reacción alérgica importante, dificultad para respirar, una quemadura extensa o cualquier síntoma que empeore requieren valoración sanitaria.
El objetivo del botiquín es ayudarnos a actuar ante situaciones leves y disponer de material básico, no diagnosticar ni tratar por nuestra cuenta problemas que necesitan atención médica.
Y, por supuesto, si tenemos dudas sobre qué producto utilizar, cómo conservar un medicamento o si un tratamiento es adecuado para nosotros o para nuestros hijos, la farmacia puede ser un buen primer lugar donde pedir orientación.

Antes de dar por terminado nuestro botiquín de septiembre, podemos hacer una última comprobación:
✓ Tiritas de diferentes tamaños
✓ Gasas estériles
✓ Vendas y esparadrapo
✓ Termómetro
✓ Suero fisiológico
✓ Producto adecuado para la limpieza de heridas
✓ Antiséptico apropiado
✓ Pinzas y tijeras adecuadas
✓ Material para pequeñas rozaduras o ampollas
✓ Productos necesarios para las necesidades concretas de la familia
✓ Medicación habitual, siempre correctamente conservada y dentro de fecha
Más que comprar todos estos productos de golpe, lo recomendable es revisar primero qué tenemos, qué necesitamos realmente y qué debemos retirar.
La vuelta a la rutina trae consigo horarios, colegios, trabajo, deporte y muchas actividades. Y aunque no podemos prever todos los pequeños accidentes o molestias que pueden surgir, sí podemos estar preparados para los más habituales.
Revisar el botiquín en septiembre es un gesto sencillo que nos permite comprobar que tenemos material básico, retirar productos caducados y asegurarnos de que los medicamentos están correctamente conservados.
En FarmaProxi creemos que cuidar de nuestra salud también significa saber cuándo podemos resolver un pequeño problema en casa y cuándo es mejor consultar a un profesional. Por eso, ante cualquier duda sobre medicamentos, productos sanitarios o sobre qué debería incluir el botiquín de tu familia, consulta siempre con tu farmacéutico.
Porque un buen botiquín no consiste en tener de todo. Consiste en tener lo necesario, en buenas condiciones y saber cómo utilizarlo correctamente.
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