Hay algo que ocurre prácticamente cada año cuando llega septiembre: empezamos a notar que nuestro pelo ya no está igual que antes del verano.
Puede estar más seco, áspero, encrespado o apagado. Las puntas parecen más abiertas, cuesta más desenredarlo y, de repente, encontramos muchos más cabellos en el cepillo o en la ducha. Y entonces aparece la pregunta inevitable: ¿qué le está pasando a mi pelo?
La respuesta no suele estar en un único factor.
Durante el verano, el cabello acumula la exposición al sol, el contacto con el agua del mar y el cloro de la piscina, el sudor, los lavados más frecuentes y, en muchas ocasiones, el uso de gorras, sombreros o peinados que mantienen el pelo recogido durante horas. Todo ello puede alterar su aspecto y hacer que, cuando llega septiembre, sus necesidades sean diferentes.
Además, el otoño coincide con una época en la que muchas personas perciben una mayor caída del cabello. Esto puede formar parte del ciclo natural del cabello, pero no toda caída debe atribuirse automáticamente al cambio de estación.
Por eso, septiembre es un buen momento para cambiar el enfoque de nuestra rutina capilar: reparar y nutrir lo que el verano ha castigado, cuidar el cuero cabelludo y evitar hábitos que pueden seguir debilitando la fibra capilar.
Desde FarmaProxi, queremos explicarte cómo hacerlo paso a paso y, sobre todo, qué puedes empezar a cambiar desde hoy para llegar al otoño con un cabello más cuidado.

El cabello no se quema con el sol como nuestra piel, pero la radiación ultravioleta también puede afectar a su estructura y a su aspecto.
A esto se suma todo lo que hacemos durante los meses de verano. Nos bañamos más veces, utilizamos piscinas, vamos a la playa, sudamos más y solemos lavarnos el pelo con mayor frecuencia. Si además añadimos secadores, planchas o tenacillas, el cabello puede terminar el verano considerablemente más seco y frágil.
El agua del mar y el cloro no son necesariamente “malos” para el pelo, pero la exposición repetida puede contribuir a resecarlo. Cuando el cabello ya está sensibilizado, los efectos se hacen todavía más evidentes.
Y aquí está una de las claves: el cabello que llega a septiembre no necesita exactamente lo mismo que el cabello que teníamos en primavera.
Por eso, en lugar de intentar solucionar todos los problemas de golpe, lo recomendable es recuperar progresivamente una rutina más respetuosa.
Antes de pensar en qué champú o mascarilla utilizar, merece la pena analizar nuestros hábitos.
Si durante el verano hemos abusado de planchas, tenacillas o secadores a temperaturas elevadas, septiembre puede ser un buen momento para reducir su utilización.
El calor directo puede contribuir a aumentar la sequedad y la fragilidad de la fibra capilar, especialmente cuando se utiliza con mucha frecuencia.
Esto no significa que tengamos que renunciar completamente al secador. La clave está en cómo lo utilizamos.
Siempre que sea posible, podemos dejar que el cabello pierda parte de la humedad al aire antes de utilizar el secador y evitar temperaturas excesivamente altas. También conviene mantener una cierta distancia entre el aparato y el cabello y no concentrar el calor continuamente sobre una misma zona.
Si utilizamos herramientas térmicas, los productos protectores frente al calor pueden formar parte de la rutina.

No necesitamos una rutina con diez productos diferentes. De hecho, en muchas ocasiones, menos productos y mejor escogidos pueden ser suficientes.
La rutina dependerá del tipo de cabello, pero podemos establecer una base bastante sencilla.
El champú debe adaptarse principalmente a las necesidades del cuero cabelludo, no únicamente al aspecto de las puntas.
Si tenemos un cuero cabelludo graso, necesitaremos una limpieza diferente a la de una persona con cuero cabelludo seco o sensible.
También es importante no caer en el error de pensar que un cabello graso necesita lavarse siempre con productos muy agresivos. Una limpieza excesivamente intensa puede resultar contraproducente y generar sensación de tirantez o irritación.
Por otro lado, si nuestro cabello está seco o sensibilizado después del verano, podemos buscar productos que ayuden a limpiar sin aportar una sensación excesiva de sequedad.
El objetivo del champú es limpiar el cuero cabelludo y eliminar suciedad, sudor y grasa. No necesitamos que el champú haga todo el trabajo de reparación del cabello.
Si después del verano notas que tu cabello se enreda con facilidad, se encrespa o cuesta mucho peinarlo, probablemente el acondicionador debería ocupar un lugar fijo en tu rutina.
Su función es facilitar el desenredado y mejorar el tacto y la manejabilidad del cabello.
Lo habitual es aplicarlo principalmente de medios a puntas, evitando saturar la raíz cuando no sea necesario.
Un pequeño cambio como este puede marcar bastante la diferencia en cabellos secos, largos, rizados o sensibilizados.
Después de un verano intenso, el cabello puede agradecer un cuidado más nutritivo.
Una mascarilla capilar puede utilizarse una o dos veces por semana, dependiendo del tipo de cabello y de sus necesidades.
No hace falta dejarla durante horas pensando que cuanto más tiempo permanezca, mejores serán los resultados. Lo recomendable es seguir las instrucciones del producto.
Además, no todos los cabellos necesitan el mismo tipo de mascarilla. Un cabello fino puede quedar pesado con productos demasiado densos, mientras que un cabello grueso, rizado o muy seco puede tolerar fórmulas más nutritivas.
Por eso, una vez más, la personalización importa más que la cantidad de productos que tengamos en el baño.
Las puntas son la parte más antigua del cabello y, por tanto, suelen ser también la zona que más ha acumulado agresiones.
Después del verano es frecuente notar que están más secas, abiertas o quebradizas.
Los sérums y aceites capilares pueden ayudar a mejorar el aspecto y la manejabilidad de las puntas, especialmente cuando se aplican en pequeñas cantidades y sobre el cabello según las indicaciones del producto.
Pero hay una diferencia importante entre mejorar el aspecto de una punta dañada y reparar estructuralmente una fibra que ya está rota.
Cuando las puntas están muy deterioradas, un pequeño corte puede ser la mejor solución. No hace falta esperar a que el cabello esté extremadamente dañado para sanearlo.
A menudo hablamos del pelo y nos olvidamos de dónde nace: el cuero cabelludo.
Después del verano puede presentar acumulación de sudor, grasa, restos de productos o simplemente estar más sensible.
Una correcta higiene es fundamental, pero tampoco debemos convertir el lavado en una agresión.
Si aparecen picor persistente, descamación importante, enrojecimiento, heridas o molestias, no conviene intentar solucionarlo cambiando constantemente de champú. En estos casos es recomendable consultar con un profesional sanitario para determinar la causa.
Un cuero cabelludo saludable constituye la base para un cabello saludable.
Esta es probablemente una de las grandes preocupaciones cuando llega septiembre.
Muchas personas notan más cabello en el cepillo, en la ducha o en la almohada durante determinadas épocas del año. La caída puede estar relacionada con el ciclo natural del cabello y, en algunas personas, se hace más evidente en otoño.
Pero hay que evitar una asociación demasiado sencilla: “es otoño, por eso se me cae el pelo”.
La caída del cabello puede tener muchas causas. Estrés, cambios hormonales, determinadas enfermedades, déficits nutricionales, algunos medicamentos y otras circunstancias pueden influir.
Por eso, si la caída es intensa, dura más de lo esperable, aparecen zonas con menor densidad, entradas que avanzan rápidamente o cualquier otro cambio que nos preocupe, es recomendable consultar con un dermatólogo o profesional sanitario.
No debemos lanzarnos directamente a tomar suplementos simplemente porque veamos más pelos en el cepillo.

Aquí también encontramos una idea muy extendida: llega septiembre, empieza la caída y automáticamente necesitamos vitaminas para el pelo.
La realidad es algo más compleja.
El cabello necesita diferentes nutrientes para su crecimiento y mantenimiento, pero tomar suplementos no garantiza que la caída vaya a detenerse, especialmente si no existe una carencia nutricional.
Nutrientes como el hierro, el zinc o determinadas vitaminas participan en diferentes procesos relacionados con el organismo y el cabello, pero suplementarlos “por si acaso” no siempre está justificado.
Si sospechamos que existe una deficiencia, lo adecuado es consultar con un profesional sanitario y valorar si es necesario realizar una evaluación.
En FarmaProxi podemos ayudarte a escoger productos capilares y complementos adecuados a tus necesidades, pero siempre teniendo claro que un suplemento no sustituye una alimentación equilibrada ni el estudio de una caída persistente.
Nuestro cabello no vive al margen del resto del organismo.
Una alimentación variada y suficiente aporta proteínas, vitaminas y minerales necesarios para mantener diferentes funciones corporales, incluido el crecimiento normal del cabello.
Por eso, después del verano no hace falta buscar una dieta “detox” para recuperar el pelo.
Lo que necesitamos es volver a una alimentación equilibrada en la que tengan presencia alimentos como frutas, verduras, legumbres, huevos, pescado, frutos secos, cereales y otras fuentes de proteínas y nutrientes.
También es importante mantener una buena hidratación, especialmente si todavía tenemos temperaturas elevadas durante las primeras semanas de septiembre.

A veces cuidar el pelo consiste tanto en incorporar buenos hábitos como en dejar de hacer determinadas cosas.
Evita lavar el cabello con agua demasiado caliente
El agua muy caliente puede aumentar la sensación de sequedad y resultar poco agradable para el cuero cabelludo.
Para el lavado, mejor utilizar agua templada y realizar un aclarado adecuado.
No frotes el cabello con fuerza
Cuando salimos de la ducha, el cabello mojado es más vulnerable a la manipulación.
Frotarlo intensamente con una toalla puede aumentar la fricción y favorecer el encrespamiento y la rotura.
En lugar de hacerlo, podemos retirar el exceso de agua presionando suavemente con una toalla.
Evita desenredarlo de manera brusca
Los tirones son uno de los enemigos más sencillos de evitar.
Si el cabello está enredado, empieza por las puntas y ve subiendo progresivamente hacia la raíz. Un acondicionador o producto desenredante puede facilitar mucho el proceso.
No abuses de planchas y tenacillas
Si el cabello ya está sensibilizado, utilizar herramientas térmicas prácticamente todos los días no es la mejor estrategia.
Reducir su frecuencia y utilizar protección térmica puede ayudar a minimizar el daño.
Cuidado con los recogidos demasiado tirantes
Coletas, moños o trenzas muy ajustadas pueden generar una tensión continua sobre el cabello.
Si los utilizamos habitualmente, es recomendable alternar peinados y evitar ejercer una tracción excesiva sobre el cuero cabelludo.
No necesariamente.
Existe la idea de que lavar el cabello con frecuencia provoca que se caiga más, pero el número de lavados debe adaptarse principalmente a las necesidades del cuero cabelludo.
Si tenemos un cuero cabelludo graso y necesitamos lavarlo con frecuencia, no debemos evitar el lavado por miedo a la caída.
Lo importante es utilizar un producto adecuado y realizar el lavado correctamente.
Además, cuando observamos muchos cabellos en la ducha podemos tener la sensación de que el lavado “provoca” la caída. En realidad, muchos de esos cabellos ya se encontraban en fase de desprendimiento y simplemente los vemos juntos durante el lavado.

Si quieres simplificar todos estos consejos, puedes pensar en una rutina como esta:
En cada lavado: champú adecuado para el cuero cabelludo + acondicionador en medios y puntas.
Una o dos veces por semana: mascarilla adaptada al tipo y estado del cabello.
Después del lavado: desenredar suavemente y utilizar un producto adecuado si necesitamos protección térmica, hidratación o control del encrespamiento.
Durante la semana: evitar el exceso de calor, los recogidos demasiado tirantes y la manipulación brusca.
Cada cierto tiempo: revisar el estado de las puntas y valorar un saneamiento si están muy deterioradas.
Y, sobre todo, observar cómo responde nuestro cabello. La mejor rutina capilar no es necesariamente la más larga, sino la que podemos mantener y que responde a nuestras necesidades reales.
No todo cabello que cae significa que exista un problema, pero hay situaciones en las que conviene prestar atención.
Consulta con un profesional si observas una caída repentina o muy abundante, pérdida de densidad evidente, aparición de zonas sin cabello, cambios importantes en el cuero cabelludo o una caída que persiste y te preocupa.
También es recomendable hacerlo si la caída aparece junto con otros síntomas o si coincide con circunstancias como cambios hormonales, determinados tratamientos, pérdida importante de peso o periodos de estrés intenso.
En estos casos, comprar un producto anticaída y esperar a ver qué ocurre puede retrasar la identificación de la causa.
El otoño no tiene por qué convertirse en una época de miedo a la caída del cabello.
Después del verano, nuestro pelo simplemente puede necesitar que cambiemos algunas costumbres. Menos calor, menos tirones, una limpieza adecuada, acondicionamiento, protección de las puntas y un poco más de atención al cuero cabelludo pueden ser suficientes para mejorar considerablemente su aspecto.
Y si además observamos una caída que no parece la habitual o cualquier cambio que nos preocupe, no hay que buscar soluciones rápidas en internet ni empezar a tomar suplementos sin saber si los necesitamos. La causa es la que debe determinar el tratamiento.
En FarmaProxi sabemos que cada cabello es diferente. Por eso, si tienes dudas sobre qué champú, acondicionador, mascarilla, tratamiento anticaída o complemento puede encajar mejor contigo, puedes consultar con nuestro equipo farmacéutico para encontrar una opción adaptada a tus necesidades.
Porque cuidar el cabello en otoño no consiste en hacer más. Consiste en hacerlo mejor.
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